miércoles, 12 de agosto de 2020

Memecracia


La esencia de los 'memes' y vídeos virales está con nosotros desde hace siglos y, aunque pueda parecer exagerado, en cierto sentido gobierna nuestras vidas. Al menos así lo cree la periodista Delia Rodríguez, que acaba de publicar 'Memecracia', un libro que analiza y explica cómo afrontar el fenómeno.

Nos divierten o nos emocionan. Eso nos gusta. Lo que quizá no sepamos es que algunas de estas ideas gobiernan nuestras vidas.

 

Estas y otras imágenes virales que llevan siglos penetrando en nuestras mentes son las protagonistas del libro ‘Memecracia’, escrito por la periodista Delia Rodríguez.

 En él, la actual redactora jefe de El Huffington Post, apasionada por la cultura popular de internet, desentraña el misterio de los 'memes', ideas que saltan de persona en persona desde hace siglos. Así, son 'memes' el ‘Ola k ase’ o las versiones del 'Pepe The Frog', pero también los beneficios de su uso en la política o creencias como “hay que hacer deporte para estar sano”, que han pasado de generación en generación.

 

Rodríguez cuenta en ‘Memecracia’ cómo estas ideas/memes llegan a nuestras mentes, se implantan o son sustituidas por otras.

Alcanzan nuestras necesidades básicas (de ahí que triunfen los relacionados con la comida, explica en el libro) y otras más complejas, como la pertenencia a un grupo (abrirse una cuenta en Instagram o Facebook para conocer las novedades de nuestros amigos) o de autorrealización (crear un canal de youtube para compartir trucos de Fortnite).

 

Llevamos en nuestro ADN el deseo de compartir. En internet lo hacemos para sentirnos vivos, huir de nuestra monotonía e integrarnos con nuestros conocidos. En ese proceso actúa lo emocional, pero también lo científico.

Explica Rodríguez que recibir un “me gusta” en, por ejemplo, el chiste que compartimos en las redes sociales, incrementa los niveles de oxitocina, la hormona que nos hace más sociables y empáticos.

Hasta algunos políticos y medios de comunicación conocen el poder de estas ideas y las utilizan a su antojo: para emocionar, para manipular... Vivimos ahora en lo que Rodríguez llama “memecracia”, un sistema capitaneado por ideas difundidas a gran velocidad gracias al desarrollo de internet y las redes sociales. A ellas se suman unos medios de comunicación muy preocupados por transmitir esas “emociones”, de ahí que muchas veces se coloquen entre los temas más vistos de la prensa digital fenómenos nacidos en Twitter o YouTube.

lunes, 10 de agosto de 2020

Los dos Asnos


Un comerciante tenía dos asnos con los que transportaba mercancías. Uno de los
burros era humilde y discreto, y el otro era muy vanidoso.

-El amo me aprecia a mí más que a ti –solía decir el burro vanidoso. 
En toda la comarca no hay burro como yo.

Una mañana el amo despertó a los asnos y les colocó las alforjas. Al más humilde le tocó llevar un cargamento de sal, y al vanidoso, una partida de esponjas. El burro vanidoso se dio cuenta de que él salía ganando en el reparto y dijo:

-No me negarás que el amo me cuida más que a ti. Tú casi no puedes moverte del peso que llevas y yo, ya ves...

Y es que, como todo el mundo sabe, la sal es mucho más pesada que las esponjas.

Nada más comenzar a andar, el burro vanidoso empezó a burlarse de su compañero:

-¿No puedes correr más? ¡Pareces un burro viejo!

Al cabo de un rato, llegaron a un río. Sólo unos desgastados tablones unían las dos orillas.

El comerciante se quedó pensativo durante unos segundos, pero al fin decidió cruzar por allí.

Cuando los dos animales y el hombre pisaron los tablones, la madera crujió con el peso. El burro humilde avanzó mirando al frente para no perder el equilibrio.

Su compañero hizo lo mismo, pero se despistó un momento y... ¡cataplof! Con la caída, los tablones se movieron y también el comerciante y el otro asno acabaron en el río.

Una vez en el agua, la sal que llevaba el burro humilde comenzó a deshacerse y el animal pudo salir fácilmente: ahora sus alforjas no pesaban nada. Sin embargo, las alforjas del burro vanidoso pesaban cada vez más.

¡Las esponjas se habían llenado de agua!

-¡Socorro! ¡Socorro!- rebuznaba angustiado, a punto de ahogarse.

Entonces el comerciante nadó hacia él y le soltó las alforjas. Por fin, el burro pudo salir.
Después, los tres no tuvieron más remedio que regresar a casa.
Por el camino de vuelta, el burro vanidoso comprendió que no debía ser tan presumido. Y,
por supuesto, decidió no volver a burlarse de su compañero.

lunes, 27 de julio de 2020

IN LAK'ECH - HALA K'IN

IN LAK ECH, ésta es la forma en que un Maya saludaba a otro; significa, «Yo soy Otro Tú», a lo que el otro Maya le respondía «Hala Ken» que significa «Tú eres Otro Yo».

Con esta expresión del concepto de unidad, los mayas se hacían parte de un todo con el semejante. Concepción que nos impulsa a repensar, cómo nosotros consideramos a nuestros semejantes.

Cada día salimos a nuestro trabajo y comenzamos una nueva jornada, tratando de lograr tener un buen día, pero ¿nos detenemos un momento a mirar a nuestro alrededor? ¿Podemos decir que consideramos a nuestros semejantes como un “otro yo“?

En nuestra sociedad competitiva, capitalista, mercantilista, intolerante y anti solidaria… ¿Verdaderamente consideramos al semejante… «OTRO YO»?

Sin duda que no es así… Somos indolentes y miramos hacia el lado cuando nuestro otro yo está durmiendo tirado en la calle, cuando está enfermo, cuando está sufriente, cuando está en desgracia.

No somos igual a este pueblo precolombino, que tuvo un desarrollo muy superior en avances de todo tipo, arquitectura, astronomía, conocimiento del ser humano, conocimiento del planeta y de sus fenómenos, basta considerar que el calendario maya, hoy día tan citado por una fecha temida, es más perfecto que cualquiera que la sociedad europea hubiese hecho.

Como aprendemos magníficamente de los pueblos y culturas que nos antecedieron, en la cultura africana «Xhosa» existe una palabra que encierra y engloba un concepto único que no existe en nuestra lengua, es la palabra UBUNTU, esta palabra-concepto, significa «CÓMO UNO DE NOSOTROS PODRÍA ESTAR FELIZ SI TODOS LOS DEMÁS ESTÁN TRISTES».

¿Creen ustedes que en nuestra sociedad consumista y hedonista, sería posible aplicar este término?… Sin duda que no.


Este mundo que hemos creado es producto de nuestros propios pensamientos, como bien dice el científico Albert Einstein, y para superar los defectos que tiene, será necesario el cambiar nuestra forma de pensar.

Creo que todavía es tiempo, todavía podemos corregir rumbos, todavía estamos a tiempo, todavía podemos salvar a las ballenas de su extinción, de evitar el daño total a nuestra ecología mundial, de parar de contaminar nuestros mares y nuestro aire… De ser una copia de quien nos creó.

Somos parte de la humanidad, humanidad que tanto daño se ha causado a sí misma, esta debe detenerse en su carrera loca hacia un despeñadero mortal.

Ideal sería que busquemos la paz, que seamos mejores, todavía es tiempo de romper el paradigma “Hommo Hommini Lupus“, enunciado por el filósofo Plauto (El Hombre Es Lobo Para El Hombre).

Amigas y amigos, todavía es tiempo, todavía tenemos planeta y tenemos semejantes: In Lak Ech.




martes, 21 de julio de 2020

Nikola Tesla, la historia de un genio olvidado por la ciencia.

Nikola Tesla: 10 hechos sobre la vida del hombre que revolucionó ...


Cuando Nikola Tesla tenía tres años vivió un episodio que marcaría el camino del resto de su vida. Mientras acariciaba el lomo de su gato Macak el roce de su mano produjo una lluvia de chispas ruidosas y quiso averiguar por qué. Su padre, un sacerdote ortodoxo, le dijo que era lo mismo que ocurría en los árboles durante una tormenta: la electricidad. Desde ese momento y hasta su muerte Nikola Tesla enfocó sus días a resolver qué era aquel fenómeno hasta convertirse en el gran visionario de la electricidad. El Museo Príncipe Felipe recuerda ahora la vida y la trayectoria de una figura olvidada por la historia con la exposición Nikola Tesla. Ideas como relámpagos, una adaptación del proyecto expositivo que se vio en 2014 en el Espacio Fundación Telefónica, comisariada por Miguel Ángel Delgado y María Santoyo.

Nikola Tesla nació en 1856 en Smiljan, una aldea serbia del Imperio austríaco (actual Croacia) y dedicó su vida a la investigación científica. Fue un genio considerado el fundador de la tecnología moderna y padre de la civilización eléctrica. Gracias a él existe la corriente alterna que se usa hoy en todos los hogares, el motor de inducción polifásico, los aviones de despegue vertical, las lámparas de bajo consumo, las energías alternativas o la transmisión inalámbrica de electricidad. Fue pionero en la robótica y vaticinó Internet y los dispositivos sin cables que cabrían en un bolsillo.


Pero su éxito no fue reconocido hasta mucho después de su muerte. Viajó a la Nueva York de los primeros rascacielos para trabajar con la persona a la que admiraba, Thomas Edison, pero fue un intento frustrado al convertirse en su archienemigo, ya que ambos protagonizan una de las rivalidades históricas más conocidas de la ciencia. La defensa de Edison por la corriente continua y de Tesla por la corriente alterna, le valió al inventor de la bombilla para iniciar una campaña de desprestigio hacia Tesla en la llamada «Guerra de las Corrientes».

Y no fue el único científico que trató de hacerle sombra. Guglielmo Marconi, premio Nobel por el invento de la radio, se apropió de hasta diecisiete patentes propiedad de Tesla, quien ya llevaba varios años probando la emisión y recepción de señales de radiofónicas. En 1943, la Corte Suprema de EE UU reconoció que Marconi había pirateado su invento y le devolvió los derechos a Tesla. Murió sin saberlo, en soledad y destinado al olvido.

Esta figura científica maltratada por la historia fue reivindicada después por movimientos contraculturales que descubrieron todo el legado de un hombre que se opuso a lo establecido y que vivía en un mundo que no estaba preparado para sus inventos. «Quiso que la electricidad fuera gratis y universal, defendió las energías alternativas, pero eso no fue tolerado por las empresas capitalistas que no querían que fuera de libre disposición», apunta María Santoyo. «Fue un hombre adelantado a su tiempo. Una figura clave injustamente olvidada».

jueves, 16 de julio de 2020

La verdadera historia del origen de los 'zombies'



El histórico estudio que realizó Wade Davis, un etnobotánico de la Universidad de Harvard que viajó a Haití en 1982 para analizar dos casos certificados de zombis y estudiar sus causas químicas.

 

Las raíces del fenómeno zombi se ubican en Haití, un país tan pobre como pequeño, arreciado históricamente por dictaduras, pestes, terremotos y hambruna. Todo comenzó en 1880, cuando el periodista inglés Spencer St. John, un pionero en el estudio de la cultura haitiana, su tradición vudú y los zombis, dio a conocer el ritual por el que los jóvenes haitianos eran sacrificados por tribus aborígenes, haciéndolos beber una pócima aparentemente venenosa.

 Más tarde, denunciaba el periodista, estas personas eran revividas por efecto de extraños sortilegios que impartían los sumos sacerdotes del culto vudú. Sin embargo, una vez resucitados, los jóvenes ya no parecían tener control sobre sus actos y eran fácilmente obligados a trabajar como mano de obra esclava en plantaciones, sin evidenciar resistencia alguna.

 

Con suficientes indicios acerca de la existencia de los zombis haitianos, el etnobotánico de la Universidad de Harvard, Wade Davis, viajó a Haití en 1982 para investigar el caso certificado de dos muertos vivos y hacerse con una muestra de la pócima que envenenaba a los jóvenes. Así conoció a Clairvius Narcisse, un campesino que fue declarado clínicamente muerto en 1962 y reapareció vivo en 1980.

 

 Según relató el haitiano, un hermano suyo había comprado los servicios de un sacerdote vudú para que lo transformara en zombi, tras haberse negado a vender su parte de una herencia. Contó que al ser retirado de la tumba recibió una serie interminable de azotes que lo dejaron inconsciente y, aunque paralizado, tras recuperarse, siempre permaneció lúcido. Inmediatamente fue trasladado a una plantación, en donde trabajó como esclavo junto a otros zombis, hasta que su amo murió y él recuperó la libertad.

 

Wade Davis pudo finalmente conseguir una muestra de la pócima venenosa para analizarla exhaustivamente. Así, tras un tiempo de investigación, el científico anunció oficialmente que los zombis eran reales y publicó las bases químicas y sociales del proceso en el libro "La serpiente y el arcoíris". El análisis demostró que el principal responsable de la existencia de los zombis era el pez globo, que habita las cálidas aguas de las selvas tropicales de Haití, en donde abundan las especies de plantas alucinógenas. Este pez genera una sustancia altamente tóxica llamada tetrodontoxina, que ataca directamente al sistema nervioso, paralizando a la víctima y reduciendo su actividad vital a niveles mínimos, prácticamente imperceptibles, condición que permitía respirar con cantidades ínfimas de oxígeno, como las presentes en un ataúd enterrado.

 

Cuando el muerto era desenterrado, se le daba a ingerir una pasta alucinógena en base a batata, jarabe de azúcar y Datura Stramonium, sustancia presente en una planta llamada Pepino de zombi, que inducía al resucitado a un estado psicótico, con signos de desorientación, confusión aguda y total amnesia. Entonces, el sumo sacerdote lo declaraba Muerto Viviente y el zombi era bautizado con un nuevo nombre para una nueva vida.


martes, 14 de julio de 2020

Lectura 4 - Canción El Mono y la Culebra.


Andando por la selva
Se encontró con la culebra
Y le dijo: "¿mono pa' 'onde vas?
Quédate quieto, no te muevas"
"Culebra, déjame pasar
Que mi mona está esperando
No me tiene' que matar
Aquí resolvemo' algo"

Esta es la historia del mono y la culebra
Desafiando las leyes de la selva
Todos los sentidos siempre alerta
Que aquí no hay un Tarzán que venga y te resuelva
Entonces la culebra le dio la media vuelta
Y dijo un perezoso: "a ese nadie lo suelta"

Ya casi sin aire el mono suplicó:
"Hoy por mi, mañana, por ti
Resuélveme
Hoy por mi, mañana, por ti
Resuélveme, resuélveme
Resuélveme, resuélveme y suéltame"

"Tú sabes que en esta selva
No hay lugar seguro
Y puede ser que en el futuro
Sea yo quien te saque de un apuro"
La culebra se creyó
La labia que el mono le soltó
Y suave se desenrolló
El mono dijo: "gracia' y adió', voy por fuera"

"Hoy por mi, mañana, por ti
Resuélveme
Hoy por mi, mañana, por ti
Resuélveme
Hoy por mi, mañana, por ti
Resuélveme
Hoy por mi, mañana, por ti
Resuélveme
Resuélveme
Resuélveme
Resuélveme, suéltame"

Un día la culebra cruzando el río
Andaba despista', no vio al cocodrilo
Y por más que sus colmillos tuvieran buco filo
Eso' eran 7 metros, 1200 kilos
Aquí estamos en el Chagre
Esto no es el Nilo
En esta vuelta manda el cocodrilo
Y de la nada traquearon las ramas
Bajó el mono en una liana y dijo:

"Cocodrilo aguanta, yo conozco a esa culebra
Es que es rambulera, ella se come lo que sea
Y si te la tragas se te hincha la garganta
Cocodrilo no lo hagas, ay cocodrilo no lo hagas, no"

El cocodrilo se creyó
La labia que el mono le soltó
Perdonó a la culebra
Se dio la vuelta y se perdió

Fue por fuera
Fue por fuera

Esta fue la historia
Del mono y la culebra
Esta fue la historia
Del mono y la culebra
El mono y la culebra
Que andaban por la hierba
Del mono y la culebra.

martes, 7 de julio de 2020

Lectura 3: Hubo tiempos peores, esta es la historia de la terrible peste negra.


"Aunque es difícil saber el número de fallecidos, los expertos apuntan que un tercio de la población pudo sucumbir a la enfermedad, que también llegó de Asia."

Pese a que han habido varias pandemias en la historia de la humanidad, el ser humano nunca parece preparado para afrontar una nueva. Las cifras del coronavirus hace tan solo unos meses no se podrían haber imaginado, y el escenario parece el peor de los posibles.
Sin embargo, aunque se diga aquello de que mal de muchos consuelo de tontos, es cierto que ha habido tiempos mucho peores. En otras ocasiones hablábamos de la mal llamada gripe española, que causó la muerte de aproximadamente 50 millones de personas en 1918 (otras cifras apuntan 100 millones) al finalizar la Primera Guerra Mundial. Además, a diferencia de otras epidemias que afectaban a niños y ancianos, en este caso la mayoría de las víctimas tenían entre 18 y 49 años. Pero si nos remontamos más en el tiempo, encontraremos pandemias aún más mortíferas y terribles.


Paralelismos con la peste negra

Pese a los muchos problemas que el COVID está causando a nivel global (y causará), los avances médicos y las vacunas han aumentado con mucho la posibilidad de detener las enfermedades y sus propagaciones, por lo que, aunque los efectos de la enfermedad serán dolorosos, lidiar con ellos parece estar dentro de nuestras competencias. Algo que, por supuesto, no fue así en tiempos anteriores, cuando la medicina no era más que una mezcolanza de teorías absurdas, contradictorias y, en su mayoría, ni siquiera probadas.
La pandemia de peste más devastadora de la humanidad fue la peste negra, surgió en el siglo XIV (siendo el peor momento entre 1346-1353). Aunque es difícil saber el número de fallecidos en la época, puesto que no se contaba con los sistemas actuales para registrar las muertes, los expertos apuntan que un tercio de la población pudo sucumbir a la enfermedad, que se produjo en Eurasia, y consideran optimista esa cifra. En Alemania, por ejemplo, se estima que uno de cada diez habitantes perdió la vida.


Como ha sucedido con el COVID, la peste surgió en Asia y se propagó a Europa mediante las rutas comerciales, aunque se culpó a los judíos. 
Estableciendo paralelismos con la actual epidemia de COVID-19, la enfermedad también surgió en Asia y se propagó a Europa mediante las rutas comerciales. Además, el primer contagio en nuestro continente fue en Mesina, una ciudad italiana donde solían parar los marinos. Y, como ha sucedido con las teorías de la conspiración en torno al coronavirus, durante la epidemia de peste negra se culpó a los judíos, que la habrían propagado mediante "el envenenamiento de pozos". Otros hablaban de orígenes más geológicos, como producto de erupciones volcánicas, o incluso culpaban a los astros.


Síntomas y remedios

Como también sucede con el coronavirus, la enfermedad pasaba de los animales a los humanos, en este caso provenía de los roedores, que se encontraban en todas partes (algunos hablan de ratas y otros del gerbilino, proveniente de Asia). Aunque Boccaccio habla de un tipo de peste asintomático, que provocaba la muerte a las 14 horas aproximadas, en realidad los síntomas eran múltiples; fiebre superior a 40ºC, sed, tos y sangrado por distintos orificios, y lo que dio nombre a la enfermedad: manchas negras y azuladas en la piel y bubones en cuello, axilas, brazos o piernas debido a la inflamación de ganglios (luego esos bubones se rompían y supuraban un líquido con un terrible olor).
En muchas ocasiones los doctores de la peste eran médicos de segunda categoría o jóvenes que querían abrirse camino

¿Y cómo se luchó contra esta enfermedad?
Bueno, como suele suceder, la ayuda médica fue vital. En tiempos de la peste negra no se contaba, como es lógico, con las medidas sanitarias actuales, y los médicos de la peste negra no eran, en muchos casos, ni siquiera médicos cualificados, sino doctores de segunda categoría que no habían podido establecerse en la profesión o jóvenes que trataban de hacerse camino. Solían llevar para protegerse esas famosas máscaras que parecían picos de ave, con dos agujeros que bastaban para respirar y que se rellenaban con perfume. También vestían botas hechas de cuero de cabra, llevaban lentes, sombrero y guantes y tocaban al paciente con un bastón. 

Por supuesto, las medidas que ofrecían para curar la enfermedad eran pobres y muy rudimentarias: por ejemplo, era habitual poner sapos o sanguijuelas sobre los bubos para "rebalancear los humores", y Nostradamus decía que se debia tomar el aire, eliminar a los cuerpos infectados o beber agua fresca.
Como no hay mal que por bien no venga, para los que sobrevivieron a la terrible enfermedad, las condiciones de vida mejoraron, así como las condiciones de trabajo y se produjeron cambios sociales para terminar con la servidumbre. Además, la dieta de ricos y pobres se volvió muy parecida, porque dos cosas enseñó la enfermedad que siempre estarán vigentes: que la solidaridad es vital en los tiempos más oscuros y que la enfermedad y la muerte no entienden de clases sociales.

Links para el Test de Comprensión Lectora

HAZ CLICK EN EL LINK QUE CORRESPONDA A TU GRUPO Y SE TE ABRIRÀ UNA VENTANA CON EL TEST: T2=  https://forms.gle/QWcvCAz8KyZbWYpe9 N1 =  https...